miércoles, 27 de noviembre de 2013

La rosa que escribía entre la nieve.

Nunca sabe cuándo será la siguiente ocasión en que las palabras broten de sus manos, de sus dedos, de su alma, en una avalancha de sal, lágrimas, luz y primavera. Pero a veces, cuando ni siquiera cree que le quede tinta en ese pequeño -e inmenso- cajón donde se guarda a sí misma, vuelve a salir, explota, y la tinta vuelve a rodearle, a hacer que se sienta en casa.

A veces el frío congela sus pétalos, y las espinas se clavan como picos de hielo en nieves perpetuas. Qué pequeña ella, sola en el invierno, esforzándose por adquirir un rojo más intenso y así hacerse ver, y así volver a ser la reina de las flores... Nadie le ha explicado que las rosas no florecen con el frío, así que ella sigue intentándolo.
Sin embargo, cuando sus fuerzas parecen darse por vencidas, en la calma que antecede a la peor tormenta, se da cuenta de que ella ya es una Rosa, no necesita florecer, sólo guarecerse, sobrevivir, y volver a desplegar sus pétalos en la primavera. Ella ya es tan roja que podrá absorber la sangre de sus heridas evitando cicatrices, seguirá poseyendo espinas, seguirá siendo hermosa, inmensa, y sólo así, en medio de la nada, única.

Ella cree que el invierno es demasiado frío, pero a veces también se le olvida su capacidad de ser sol. Se siente pequeña, pero su corazón sigue siendo inmenso. Se siente perdida, pero sus pasos siguen siendo luz. La mujer que siempre seguirá siendo niña, la niña que siempre será una mujer.
Y ahora que puede, escribe, escribe hasta dejarse en tinta, en pétalos de palabras, en sensaciones. Escribe en rojo, rojo sangre.



lunes, 18 de noviembre de 2013

El robo de la LOMCE.

La LOMCE es un atraco al país. El problema es que se trata de un atraco silencioso, sin violencia, de esos donde se descubre lo que se ha robado mucho tiempo después de haberse cometido el delito, cuando jamás podrá ya encontrarse el preciado objeto sustraído. Sí, eso es la LOMCE. Bajo el nombre de “Mejora de la Calidad Educativa” se esconde un gran golpe a la cultura, el conocimiento, y la evolución del ser humano como ser humano. Esa “mejora educativa” se traduce en una mercantilización de la educación donde ya no importa qué se estudia, sino para qué, con qué fin, como si Maquiavelo llevase las riendas de este navío condenado a naufragar. No importa que haya que dar un mazazo a las humanidades en su conjunto, y es que cuanto menos se desarrolle el pensamiento, menos oposición, luego más poder, más supresión sin consecuencias, pues como reza la frase: “El peor enemigo de un gobierno es un pueblo culto”. No se trata de una teoría de conspiración, sino de una realidad. No interesa que pensemos, no interesa que desarrollemos el pensamiento crítico, ni siquiera interesa que desarrollemos la faceta artística que nos define y caracteriza desde el comienzo de nuestra existencia. ¿Qué habría sido de los primeros hombres si se les hubiese prohibido pintar sobre las paredes? ¿Qué será de nosotros si aniquilan nuestras formas de expresión y neutralizan nuestro pensamiento?
Filosofía es condenada a mera optativa en segundo de bachillerato, y la música reducida a una única hora semanal. ¿Por qué, después de todo, iba a interesarnos el pensamiento de grandes hombres que pudieron estudiar problemas muy parecidos y cercanos a los de hoy? ¿Por qué iba a interesarnos que los alumnos se cuestionen la realidad? Y la música… ¿para qué? ¡Aquí lo que importa son las matemáticas, la economía, el pensamiento formal! ¿Cómo si no iba a ampliarse el mercado?
Y no sólo eso, sino que además se dota de valor en la evaluación a la asignatura de Religión católica, ¡en un estado laico! Es decir, no importa lo que dijeron grandes pensadores como Platón o Hobbes, entre otros, pero sí dotamos de importancia a lo que establece como dogma una religión que ya no representa ni a la mitad de la población.
Hay muchas más asignaturas afectadas por este nuevo ataque a la educación. De lo cual podemos deducir que el verdadero núcleo de cada reforma educativa en este país no tiene que ver en realidad con la educación, sino con los intereses políticos, con el círculo vicioso a lo largo de la historia de seguir aumentando la riqueza de los ricos, mientras los pobres son cada vez más pobres (no sólo a nivel monetario, sino también cultural)
No niego que la reforma tenga puntos clave que sí resultarían beneficiosos de ser impuestos, sin embargo creo que para que un barco llegue a su destino, no basta únicamente con tener dos marineros buenos entre toda la tripulación.

La educación nos incumbe a todos, pues es el sendero por el que han de caminar todas las sociedades, y por tanto, todas las personas. Ahora bien, debe ser un sendero indicativo, no una única vía. Debe servir de instrumento para que cada ser humano forme su propio camino. Y para eso, desde siempre, es necesario, al menos, saber que cabe la posibilidad de crear, de oponerse, en definitiva, de ser libre para caminar hacia donde se quiera. Y jamás podremos ser libres si la educación no es vista como un valor, y sí como una moneda.



jueves, 7 de noviembre de 2013

Esta(r)ciones

No creo que sea el Otoño el culpable de que se te caigan las hojas. Ni creo que la Primavera, por ser Primavera, vaya a traerte las flores que nunca has plantado. En Verano puedes dedicarte a recibir del sol, como todo el año, lo que jamás estás dispuesto a dar. Pero no, tampoco puedes afirmar que tu incapacidad de dar calor es consecuencia del Invierno al que estás expuesto.
Las estaciones son sólo estaciones, es el mundo el que gira, eres tú el que se mueve.



martes, 15 de octubre de 2013

De noche las estrellas brillan, aunque estén lejos.

A veces es tan sencillo como un libro que espera, un "hasta mañana" cerca, muy cerca, en la oreja, o un último tacto, piel con piel, despidiendo a la noche, y a los sueños de ese día -que necesitan también descansar para poder seguir alzando el vuelo al abrir los ojos-. 
Otras se vuelve más complejo, como si la tormenta de fuera asustara de verdad, siendo una excusa para recordarte que me abraces, que bailemos juntos bajo la lluvia, como aquélla vez, como tantas veces; o como si no hubiera olor en esta habitación, y necesitara pedirte, a tamaño industrial, un perfume de tu piel y desparramarlo después por los cojines, las sábanas y mis manos, mientras me río, y tú me miras con ese gesto.
Pero en definitiva es simple, cercano, mío, cuando puedo rozar tu voz en la comisura de tus labios, o cuando puedo yo, asustada y fría, recordarte que a veces, las más fuertes, son las que más necesitan la paz del hogar -un corazón con las manos abiertas-. Y digo que es simple porque tú y yo, dos ciegos y mudos, somos los que, unidos, se miran y se hablan, aunque afuera estalle el odio, o las noticias auguren el Diluvio Universal.
Pero todo se vuelve enrevesado cuando la tormenta es realmente una tormenta, cuando el libro es sólo un libro y no un "hasta mañana", o cuando mis pies fríos no encuentran refugio entre unas sábanas que han colgado un "se busca por motivos personales". Entonces, le pido a la noche que me narre cuentos, sin darme cuenta todavía de que quizás la luna se inventó para consolar a los poetas que echaban de menos. 
Y aquí estoy esta noche, preguntándole al tiempo cómo lo hace para ir tan lento en ocasiones, y otras tan rápido; y rogándole una vez más que me conceda un minuto eterno la próxima vez que se nos olvide que hay mundo más allá de nuestras bocas. Pero él, que ya me lo ha repetido millones de veces, me habla de vuelos, sueños y alas; y en su tic-tac me marca el latir que supone crear toda una vida, un futuro donde tú y yo somos los autores. Aunque para eso, dice, hay que dejarle funcionar a su ritmo.
Y yo, como siempre, al final le creo.

Así que escribo, te escribo, recordándote que aún no me ha llegado tu perfume, aunque aún me quedan restos de ayer, y voy tirando. Pero júrame, y júramelo de verdad, que me lo mandarás. Así me quedo tranquila, repitiéndole vehementemente a las sábanas que vas a volver, porque si no, me han advertido, no me dejarían dormir –nunca más-.


jueves, 10 de octubre de 2013

Espera

Las letras también son cuerdas,
tristes lastimeras que arrancan suspiros sin paz a
cualquiera.

Las poesías también son cadenas,
ahogos sin fuerza en mares de pena sin gloria en
escena.

Las palabras a veces concuerdan,
con el estado del alma de quien no comparte un sueño y
espera.

Cuchillos de hiel a esta masa sin forma que
sólo trastorna otra noche que asoma,
y enfría el silencio.

Y espera. ¿Qué espera?
El tablero no juega, las piezas no suenan, ¡despierta!
Sólo una noche desierta...
Y las mil... esperan.

Es un cuento sin cuentas. El tiempo no avanza, ni
importa la balanza de un alma que ama y
espera.

Corazones que copian los latidos de otros
y piensan que sienten, y sienten nada,
sólo espejos de un rostro que
no tiene cara.

Y yo escribo quimeras y fabrico alas de cera en
un folio que cree, a veces, ser estrella,
y me espera...

El lenguaje es mi hado, y quizá el verso es esclavo
de este tiempo, esta lengua, esta cuerda loca,
esta loca sin cuerdas,
que espera...
Hoy sólo espera...


sábado, 21 de septiembre de 2013

Reflexiones...

Soy de esa clase de personas que admira la Belleza.

Vivimos en un mundo entregado al placer visceral, amarillo, sucio y feo. Observamos cómo las personas se dañan unas a otras -física y psicológicamente- cada vez con más parsimonia, con más indiferencia. La sangre no nos asusta. El dolor, más que conmovernos, nos atrae. Los insultos son condimentos para el interés. El cuerpo es sólo ya, sin más, cuerpo. Las mujeres, lejos de defender su independencia, se entregan a la figura idealizada, estática, y absurda, de un mero modelo físico sin nada que decir. Los hombres, lejos de contribuir a la evolución, se contentan con admirar las curvas de lo que en el fondo es sólo una línea plana, obsoleta, vacua. Y en conjunto, ambos, idolatran el aparato de la desolación, ese aparato que vende basura, violencia, fealdad, como si fuera aire: la televisión.
Y frente a esto, ¿hay nada? ¿Dónde está la Belleza? Parece olvidada, relegada a guardar espacio en un cajón que nadie abre.
Pero yo, que tiendo normalmente a llevarle la contraria a todo lo asentado -de algo habría de valerme tanta filosofía- me siento aquí, frente a este ordenador, y pienso... ¡Cómo no va a existir la Belleza! ¡Claro que existe! Por encima de mí, por encima de la televisión, por encima de este tiempo y de este espacio, la Belleza existe por encima de todos nosotros.
A modo de concepto universal, la Belleza, casi platónica, existe más allá de nosotros. Creemos -inocentes- que sólo hay Belleza si existe algo bello. Y sin embargo, ¿dejaría de ser bella una rosa si nadie viera cómo nace y florece?
La Belleza, así como yo la entiendo, va más allá de nuestra percepción, y nosotros, humildes, sólo podemos participar de ella enganchados a la tabla de supervivencia que nos brinda el Arte. Es esa conexión mágica, casi mística, la que nos permite crear Belleza (entendida, en todo momento, como una existencia positiva)
A lo largo de la historia, ¡cuántos han ofrecido al mundo su creación artística, y participado así de la Belleza! Participar de este atributo casi divino no exige que el objeto creado sea bello o no, ¡yo hablo de otra cosa! Hablo de la intención de hacer de este mundo un lugar más bello, mejor, ¡un mundo artístico!
No importa que Duchamp crease o no un objeto bello con su urinario, ni siquiera me refiero aquí a por qué ha llegado o no a considerarse una obra de arte institucionalmente, lo esencial es que deseó crear, deseó cambiar algo, deseó participar de algo denominado Belleza, de algo que nos permite convertirnos en creadores, ¡generó una nueva parcela de mundo artístico!
Y nosotros, que somos enanos, sólo creando conseguimos, durante un segundo, ver como ven los gigantes, antes de volver a adecuar la vista a nuestra altura.

En definitiva, la Belleza existe, y el Arte, nuestro salvavidas, nos permite acercarnos a Ella por medio de la creación. No importa que sea Música, Pintura, Poesía, Prosa... ¡Ni de qué tipo! Siempre han existido Formas de romper la realidad, de crearla, de moldearla, ¡de otorgarle color!

Nunca podrá hablarse de rendición mientras exista Arte. Y por tanto, nunca podrá hablarse de rendición mientras existan personas dispuestas a hacer de este mundo un lugar... bello. Yo, al menos, creo en ello, y defiendo que una de las mejores partes de la vida reside en el misterio de creer y crear.

Y por suerte, aunque cada vez menos, siempre habrá espíritus dispuestos a convertir una rosa en una rosa eterna.



Creo también que existen más caminos de acercamiento a la Belleza, el más claro es el Amor. Sin embargo, eso daría pie a una nueva reflexión.

martes, 17 de septiembre de 2013

Florece.

Y en una tarde de un verano que no deseaba irse, la rosa volvió a florecer, limpia, pura, y con espinas.
Y el jardinero supo. 
Y el cielo supo.
Y ningún loco sintió ganas de cortarla.
Porque sólo así, ella, resistiría cualquier invierno.



martes, 3 de septiembre de 2013

Siempre conmigo.

Ver las canitas en el morro de mi perra y darme cuenta de cómo pasa el tiempo, de cuán inasible es lo que más queremos...
Hay mucha gente que aún no entiende lo que es Chula para mí: mucho más que una mascota, mucho más que un animal, por encima de todo, es mi compañera más fiel. Ha estado conmigo en cada uno de mis momentos desde hace cinco años: en los buenos, trasmitiendo su alegría, como siempre, y su felicidad color miel; y en los malos, apoyando simplemente su cabeza sobre mis pies y diciéndome sin palabras "estoy aquí, y no me voy a ir". Me ha enseñado lo que es la lealtad. No hace falta describir con palabras la sensación de fidelidad que siento cuando la veo venir tras de mí a cada sitio que voy, o cuando oigo como duerme tranquila bajo mi cama, o aún más, cuando se enreda en mis pies y la siento en paz y me siento en paz.
Cuántas lágrimas ha visto, cuántos besos la he dado, cuántos caminos hemos hecho juntas. Y es que su huella y la mía, en el fondo, no son tan diferentes: Nosotros también somos animales, y ellos también son personas –aunque de pocas personas puedo decir lo que digo de mi perra-.

Sólo espero poder verla con muchas más canas todavía, en un contraste sin igual entre su negro y el blanco de la vida al pasar. Me quedan aún tantas caricias, tantos paseos, y tanta calma al tenerla… Nunca podré reflejar en letras –como ocurre con todo lo grande de la vida- lo que significa, siempre quedará demasiado infantil, demasiado poco, demasiado nada, en comparación. Sólo puedo –como siempre me pasa- intentar dejar en palabras, aunque sea, una semilla de todo lo que es y de todo lo que aún queda por ser. Aunque nada sea nunca tan especial como lo es ella.