Soy de esa clase de personas que admira la Belleza.
Vivimos en un mundo entregado al placer visceral, amarillo, sucio y feo. Observamos cómo las personas se dañan unas a otras -física y psicológicamente- cada vez con más parsimonia, con más indiferencia. La sangre no nos asusta. El dolor, más que conmovernos, nos atrae. Los insultos son condimentos para el interés. El cuerpo es sólo ya, sin más, cuerpo. Las mujeres, lejos de defender su independencia, se entregan a la figura idealizada, estática, y absurda, de un mero modelo físico sin nada que decir. Los hombres, lejos de contribuir a la evolución, se contentan con admirar las curvas de lo que en el fondo es sólo una línea plana, obsoleta, vacua. Y en conjunto, ambos, idolatran el aparato de la desolación, ese aparato que vende basura, violencia, fealdad, como si fuera aire: la televisión.
Y frente a esto, ¿hay nada? ¿Dónde está la Belleza? Parece olvidada, relegada a guardar espacio en un cajón que nadie abre.
Pero yo, que tiendo normalmente a llevarle la contraria a todo lo asentado -de algo habría de valerme tanta filosofía- me siento aquí, frente a este ordenador, y pienso... ¡Cómo no va a existir la Belleza! ¡Claro que existe! Por encima de mí, por encima de la televisión, por encima de este tiempo y de este espacio, la Belleza existe por encima de todos nosotros.
A modo de concepto universal, la Belleza, casi platónica, existe más allá de nosotros. Creemos -inocentes- que sólo hay Belleza si existe algo bello. Y sin embargo, ¿dejaría de ser bella una rosa si nadie viera cómo nace y florece?
La Belleza, así como yo la entiendo, va más allá de nuestra percepción, y nosotros, humildes, sólo podemos participar de ella enganchados a la tabla de supervivencia que nos brinda el Arte. Es esa conexión mágica, casi mística, la que nos permite crear Belleza (entendida, en todo momento, como una existencia positiva)
A lo largo de la historia, ¡cuántos han ofrecido al mundo su creación artística, y participado así de la Belleza! Participar de este atributo casi divino no exige que el objeto creado sea bello o no, ¡yo hablo de otra cosa! Hablo de la intención de hacer de este mundo un lugar más bello, mejor, ¡un mundo artístico!
No importa que Duchamp crease o no un objeto bello con su urinario, ni siquiera me refiero aquí a por qué ha llegado o no a considerarse una obra de arte institucionalmente, lo esencial es que deseó crear, deseó cambiar algo, deseó participar de algo denominado Belleza, de algo que nos permite convertirnos en creadores, ¡generó una nueva parcela de mundo artístico!
Y nosotros, que somos enanos, sólo creando conseguimos, durante un segundo, ver como ven los gigantes, antes de volver a adecuar la vista a nuestra altura.
En definitiva, la Belleza existe, y el Arte, nuestro salvavidas, nos permite acercarnos a Ella por medio de la creación. No importa que sea Música, Pintura, Poesía, Prosa... ¡Ni de qué tipo! Siempre han existido Formas de romper la realidad, de crearla, de moldearla, ¡de otorgarle color!
Nunca podrá hablarse de rendición mientras exista Arte. Y por tanto, nunca podrá hablarse de rendición mientras existan personas dispuestas a hacer de este mundo un lugar... bello. Yo, al menos, creo en ello, y defiendo que una de las mejores partes de la vida reside en el misterio de creer y crear.
Y por suerte, aunque cada vez menos, siempre habrá espíritus dispuestos a convertir una rosa en una rosa eterna.
Creo también que existen más caminos de acercamiento a la Belleza, el más claro es el Amor. Sin embargo, eso daría pie a una nueva reflexión.
sábado, 21 de septiembre de 2013
martes, 17 de septiembre de 2013
Florece.
Y en una tarde de un verano que no deseaba irse, la rosa volvió a florecer, limpia, pura, y con espinas.
Y el jardinero supo.
Y el cielo supo.
Y ningún loco sintió ganas de cortarla.
Porque sólo así, ella, resistiría cualquier invierno.
Y el jardinero supo.
Y el cielo supo.
Y ningún loco sintió ganas de cortarla.
Porque sólo así, ella, resistiría cualquier invierno.
martes, 3 de septiembre de 2013
Siempre conmigo.
Ver las canitas en el morro de mi perra y darme cuenta de
cómo pasa el tiempo, de cuán inasible es lo que más queremos...
Hay mucha gente que aún no entiende lo que es Chula para mí:
mucho más que una mascota, mucho más que un animal, por encima de todo, es mi
compañera más fiel. Ha estado conmigo en cada uno de mis momentos desde hace
cinco años: en los buenos, trasmitiendo su alegría, como siempre, y su
felicidad color miel; y en los malos, apoyando simplemente su cabeza sobre mis
pies y diciéndome sin palabras "estoy aquí, y no me voy a ir". Me ha
enseñado lo que es la lealtad. No hace falta describir con palabras la
sensación de fidelidad que siento cuando la veo venir tras de mí a cada sitio
que voy, o cuando oigo como duerme tranquila bajo mi cama, o aún más, cuando se
enreda en mis pies y la siento en paz y me siento en paz.
Cuántas lágrimas ha visto, cuántos besos la he dado, cuántos
caminos hemos hecho juntas. Y es que su huella y la mía, en el fondo, no son
tan diferentes: Nosotros también somos animales, y ellos también son personas –aunque
de pocas personas puedo decir lo que digo de mi perra-.
Sólo espero poder verla con muchas más canas todavía, en un
contraste sin igual entre su negro y el blanco de la vida al pasar. Me quedan
aún tantas caricias, tantos paseos, y tanta calma al tenerla… Nunca podré
reflejar en letras –como ocurre con todo lo grande de la vida- lo que
significa, siempre quedará demasiado infantil, demasiado poco, demasiado nada,
en comparación. Sólo puedo –como siempre me pasa- intentar dejar en palabras,
aunque sea, una semilla de todo lo que es y de todo lo que aún queda por ser. Aunque
nada sea nunca tan especial como lo es ella.
viernes, 23 de agosto de 2013
¿Un artista nace o se hace... copiando?
El documental "Exit through the gift
shop" plantea -o al menos a mí- varios interrogantes. Comencé a verlo
porque pensé que era un estudio del graffitero Banksy, pero a medida que
pasaban los minutos me di cuenta de que el "personaje" principal del
documental era Thierry Guetta, más conocido como Míster Brainwash.
La cinta muestra cómo este tipo comenzó grabando a artistas callejeros, aumentando su interés por esa corriente artística -sí, lo es, es ARTE-. Y finalmente es él mismo, incitado en cierta manera por Banksy, quien crea, de la nada, una representación de sus mejores obras -entendamos hasta aquí que hasta ese momento no tenía ninguna, por lo que ya empiezan a aparecer las preguntas- y se otorga el sobrenombre de "el Señor Lavacerebros".
La exposición es un éxito, a todo el mundo le encanta ver murales de Elvis con una ametralladora de Fisher Price entre las manos, botes enormes de spray decorados como una sopa Campbell, y un sin fín de objetos supuestamente revolucionarios. Y digo supuestamente...
¿Hasta qué punto este señor es creador de algo? Banksy revolucionó las calles y el arte creando un concepto nuevo de estética, crítica social y revolución. Incluso consiguió colarse en ciertos museos, y colocó obras suyas que fueron observadas como si de una obra más del museo se tratase (hasta que, claro, la seguridad advertía lo que había ocurrido)
Entonces, ¿quién es Thierry Guetta? ¿De la noche a la mañana se convirtió en artista? ¿Un artista nace o se hace... copiando? ¿Importa que haya sacado la esencia de Banksy y la haya explotado hasta convertirse en alguien capaz de darle a Madonna la portada de su último disco -sí, lo hizo-?
Mi opinión es clara. El arte también puede utilizarse como elemento de control y, por tanto, como algo tremendamente rentable. Lo importante de Thierry no es lo que vende, sino el hecho de por qué lo vende. Para mí, colocar una pistola de juguete en los brazos del rey del rock and roll no simboliza nada. Sólo una copia gastada de un concepto que no le pertenece y, por supuesto, que sabía de antemano cuántos billetes iba a producir.
Si explotamos la esencia del arte, si lo consideramos a él mismo como algo que se vende, el arte deja de tener sentido, pierde su libertad, y se encadena en ciertas respuestas sociales -exactamente iguales- que van perdiendo -y olvidando- su valor.
Thierry Guetta es un farsante más que ha conseguido, gracias al talento de otros como Banksy o Shepard Fairey, cubrir su cabeza de oro.
Por supuesto, hay que tener en cuenta que el documental está dirigido por Banksy, pero indudablemente da pie a millones de cuestiones...
La cinta muestra cómo este tipo comenzó grabando a artistas callejeros, aumentando su interés por esa corriente artística -sí, lo es, es ARTE-. Y finalmente es él mismo, incitado en cierta manera por Banksy, quien crea, de la nada, una representación de sus mejores obras -entendamos hasta aquí que hasta ese momento no tenía ninguna, por lo que ya empiezan a aparecer las preguntas- y se otorga el sobrenombre de "el Señor Lavacerebros".
La exposición es un éxito, a todo el mundo le encanta ver murales de Elvis con una ametralladora de Fisher Price entre las manos, botes enormes de spray decorados como una sopa Campbell, y un sin fín de objetos supuestamente revolucionarios. Y digo supuestamente...
¿Hasta qué punto este señor es creador de algo? Banksy revolucionó las calles y el arte creando un concepto nuevo de estética, crítica social y revolución. Incluso consiguió colarse en ciertos museos, y colocó obras suyas que fueron observadas como si de una obra más del museo se tratase (hasta que, claro, la seguridad advertía lo que había ocurrido)
Entonces, ¿quién es Thierry Guetta? ¿De la noche a la mañana se convirtió en artista? ¿Un artista nace o se hace... copiando? ¿Importa que haya sacado la esencia de Banksy y la haya explotado hasta convertirse en alguien capaz de darle a Madonna la portada de su último disco -sí, lo hizo-?
Mi opinión es clara. El arte también puede utilizarse como elemento de control y, por tanto, como algo tremendamente rentable. Lo importante de Thierry no es lo que vende, sino el hecho de por qué lo vende. Para mí, colocar una pistola de juguete en los brazos del rey del rock and roll no simboliza nada. Sólo una copia gastada de un concepto que no le pertenece y, por supuesto, que sabía de antemano cuántos billetes iba a producir.
Si explotamos la esencia del arte, si lo consideramos a él mismo como algo que se vende, el arte deja de tener sentido, pierde su libertad, y se encadena en ciertas respuestas sociales -exactamente iguales- que van perdiendo -y olvidando- su valor.
Thierry Guetta es un farsante más que ha conseguido, gracias al talento de otros como Banksy o Shepard Fairey, cubrir su cabeza de oro.
Por supuesto, hay que tener en cuenta que el documental está dirigido por Banksy, pero indudablemente da pie a millones de cuestiones...
jueves, 22 de agosto de 2013
La vida es una canción.
Y es la música la que corre por las venas cuando una canción desborda el alma. No es sangre, son sólo notas, sólo recuerdos, memorias, deseos.
Cuando el pasado no pesa, sólo vuela, cálido como una pluma que hace tiempo se separó de su ala, como un pájaro que, para poder volar, está lejos de aquél que fue su nido. Cuando la vista hacia atrás supone una melodía conocida, y los errores son sólo notas más tensas, que después se recuperan, necesarias para formar lo que es la canción de una vida... Una sinfonía. Un piano. Unos dedos. Música.
Y todo se vuelve difuso, no hay muebles, no hay cuerpo, sólo una sensación eterna, por tan efímera, de paz. Un estado del alma en el que el corazón -se siente- está sonriendo. Cómo a veces podemos llegar a olvidar que el corazón también ríe -sólo se le nombra, poetas, cuando llora-.
Sólo existe el sonido de fondo, y yo, en medio de todo, dejándome ser, volviéndome música, notas, silencios, también. Yo, que soy una melodía desordenada, una canción sin acabar, un principio de banda sonora con extractos de mil películas, con frases de millones de libros... Yo, cierro los ojos. Y sólo vuelo, con el roce lento y calmado de una lágrima que se desliza por el pentagrama. Una lágrima cálida, serena, que me recuerda lo precioso de poder ser la compositora de mi canción, una canción que no termina, aunque a veces no la escuche -o tenga la manía de hacerme la sorda-. Esa melodía que está de fondo cuando camino, pero sobre todo cuando río... sobre todo cuando amo.
Qué manía la de los poetas de sólo escribir. Si la mayor poesía es la vida, los momentos como éste en los que el reloj no pesa y el tiempo es arte.
Me dejo ir de nuevo en mis letras confundidas, que bailan, que quieren ser sólo melodías vivas, deslizándose, y después perdiéndose, para conformar la única canción que jamás se olvida: el presente. Y sólo así, hoy, saber que no hay nada más grande que este momento, ahora, porque estoy aquí, porque yo también soy música, y estoy sonando.
http://www.youtube.com/watch?v=7maJOI3QMu0
Cuando el pasado no pesa, sólo vuela, cálido como una pluma que hace tiempo se separó de su ala, como un pájaro que, para poder volar, está lejos de aquél que fue su nido. Cuando la vista hacia atrás supone una melodía conocida, y los errores son sólo notas más tensas, que después se recuperan, necesarias para formar lo que es la canción de una vida... Una sinfonía. Un piano. Unos dedos. Música.
Y todo se vuelve difuso, no hay muebles, no hay cuerpo, sólo una sensación eterna, por tan efímera, de paz. Un estado del alma en el que el corazón -se siente- está sonriendo. Cómo a veces podemos llegar a olvidar que el corazón también ríe -sólo se le nombra, poetas, cuando llora-.
Sólo existe el sonido de fondo, y yo, en medio de todo, dejándome ser, volviéndome música, notas, silencios, también. Yo, que soy una melodía desordenada, una canción sin acabar, un principio de banda sonora con extractos de mil películas, con frases de millones de libros... Yo, cierro los ojos. Y sólo vuelo, con el roce lento y calmado de una lágrima que se desliza por el pentagrama. Una lágrima cálida, serena, que me recuerda lo precioso de poder ser la compositora de mi canción, una canción que no termina, aunque a veces no la escuche -o tenga la manía de hacerme la sorda-. Esa melodía que está de fondo cuando camino, pero sobre todo cuando río... sobre todo cuando amo.
Qué manía la de los poetas de sólo escribir. Si la mayor poesía es la vida, los momentos como éste en los que el reloj no pesa y el tiempo es arte.
Me dejo ir de nuevo en mis letras confundidas, que bailan, que quieren ser sólo melodías vivas, deslizándose, y después perdiéndose, para conformar la única canción que jamás se olvida: el presente. Y sólo así, hoy, saber que no hay nada más grande que este momento, ahora, porque estoy aquí, porque yo también soy música, y estoy sonando.
http://www.youtube.com/watch?v=7maJOI3QMu0
viernes, 19 de julio de 2013
Sólo no te vayas nunca.
¿Qué iba a quedarme en un cajón vacío si no palabras desgastadas? Sin ti el baúl sólo sería un baúl, y yo una más, sólo una menos.
¿Qué iba a quedarme en el corazón ahogado si no pétalos marchitos y noches nunca más descorchadas? Sin ti la luna sólo sería un botón descosido, igual que mi sonrisa.
¿Qué iba a tener aparte de una prosa que lucha por ser la poesía que un día fue? Sin ti no habría versos, sólo tinta sin color, sin alma, sin mí.
¿Cómo iba a ser yo Rosa sin rosas que regar, sin jardín en el que soñar despierta? Si te fueras te llevarías mis espinas, cualquier viento sabría cómo destrozarme. Si te fueras... ¿para qué más idas y venidas? ¿Para qué cantarle a las mañanas, para qué contarle a nadie quién soy? Sin ti no habría estrellas en mi ventana, ni siquiera noche, ni siquiera día.
¿Cuándo sería un buen momento para adornar el tiempo perdiéndolo? Sin ti no habría tiempo, nada que perder, nada por ganar.
Y aullaría a mi ceguera cada vez que mi piel tocara la almohada si supiera que jamás tus dedos volverían a ser desvelo. Y mis ojeras serían el rímmel del insomnio de quien jamás se atreve a soñar. El corazón rojo se vestiría de fiesta con los pedazos que dejaste, y se iría a llorar a un rincón oscuro, resignándose a latir para un cuerpo -¿dónde se encuentra el alma? Eres tú quien tienes el mapa, dueño-.
Sólo no te vayas. Sólo... Sólo no dejes que me pierda nunca. Sólo...
Y lanzaremos las preguntas al acantilado de lo que nadie desea saber. Y miraremos cómo desaparecen, mientras seguimos creando tinta agarrados de la mano, sin más hoja que el cielo a nuestros pies, y el futuro entre los dedos.
¿Qué iba a quedarme en el corazón ahogado si no pétalos marchitos y noches nunca más descorchadas? Sin ti la luna sólo sería un botón descosido, igual que mi sonrisa.
¿Qué iba a tener aparte de una prosa que lucha por ser la poesía que un día fue? Sin ti no habría versos, sólo tinta sin color, sin alma, sin mí.
¿Cómo iba a ser yo Rosa sin rosas que regar, sin jardín en el que soñar despierta? Si te fueras te llevarías mis espinas, cualquier viento sabría cómo destrozarme. Si te fueras... ¿para qué más idas y venidas? ¿Para qué cantarle a las mañanas, para qué contarle a nadie quién soy? Sin ti no habría estrellas en mi ventana, ni siquiera noche, ni siquiera día.
¿Cuándo sería un buen momento para adornar el tiempo perdiéndolo? Sin ti no habría tiempo, nada que perder, nada por ganar.
Y aullaría a mi ceguera cada vez que mi piel tocara la almohada si supiera que jamás tus dedos volverían a ser desvelo. Y mis ojeras serían el rímmel del insomnio de quien jamás se atreve a soñar. El corazón rojo se vestiría de fiesta con los pedazos que dejaste, y se iría a llorar a un rincón oscuro, resignándose a latir para un cuerpo -¿dónde se encuentra el alma? Eres tú quien tienes el mapa, dueño-.
Sólo no te vayas. Sólo... Sólo no dejes que me pierda nunca. Sólo...
Y lanzaremos las preguntas al acantilado de lo que nadie desea saber. Y miraremos cómo desaparecen, mientras seguimos creando tinta agarrados de la mano, sin más hoja que el cielo a nuestros pies, y el futuro entre los dedos.
domingo, 7 de julio de 2013
Poeta y poesía.
Como el rocío de una hoja
que jamás se cae.
Como la leyenda de un tiovivo
con caballos
que jamás se cansan.
Como la saliva de unos labios
que jamás se gastan.
Así, a un escritor
nunca le faltan letras,
sólo le sobran.
Así, a un poeta
nunca le sobran versos,
sólo a veces besos
le faltan.
Y desplegar el abecedario
por las páginas del tiempo.
Y despejar las dudas
de la arena
que espera al sol.
Hoy me siento poeta,
me siento extraña.
Como si las margaritas
no tuviesen que escoger
entre el sí y el no.
que jamás se cae.
Como la leyenda de un tiovivo
con caballos
que jamás se cansan.
Como la saliva de unos labios
que jamás se gastan.
Así, a un escritor
nunca le faltan letras,
sólo le sobran.
Así, a un poeta
nunca le sobran versos,
sólo a veces besos
le faltan.
Y desplegar el abecedario
por las páginas del tiempo.
Y despejar las dudas
de la arena
que espera al sol.
Hoy me siento poeta,
me siento extraña.
Como si las margaritas
no tuviesen que escoger
entre el sí y el no.
sábado, 15 de junio de 2013
Carta a Upe
Más que una carta, te mereces un libro entero. Pero no podía
dejar escapar estos ratos en los que te echo de menos tanto que no paro de imaginar
lo que sería si aún estuvieras aquí, tú, entera.
Ha sido un año difícil. Y sin estar aquí has sabido
demostrarme la gran fortaleza que se ubica en el corazón de una familia unida.
Y digo sin estar aquí, aunque en el fondo sí que has estado… Apareciste como un
arco iris en una gran tormenta, tan en calma como siempre, serena, en paz, pero
increíblemente fuerte. Y a los pies de la cama del desequilibrio, supiste hacer
del apoyo familiar un pilar indestructible; nos dijiste, sin palabras, que no
nos ibas a dejar caer. Y así fue.
Muchos me dirán que no es algo real. La muerte es el final,
aseguran. ¿Y cómo explicarles yo la verdad que siento tan dentro? Saberte aquí,
dándome aliento cada vez que creo que no voy a llegar a la meta, demasiado
cansada para darme cuenta de todas las metas que ya he ido dejando atrás… ¿Cómo
argumentar que sé que no te has ido y que, en el fondo, nunca te irás? Hubo
quien me dijo que alguien sólo muere cuando desaparece del corazón de los suyos…
Temo decirte entonces que tú serás inmortal.
Tampoco intento retenerte aquí. La vida es un ciclo que todos
hemos de pasar, y conlleva un final. Sin embargo… ¿cómo dar final a un alma tan
grandiosa como la tuya? Fuiste siempre un corazón abierto, dispuesto a dar
hasta el último latido… E increíblemente, aún sigues ayudando a que los
nuestros no pierdan la fe. Fe en la vida, en lo que hace que ésta sea un viaje
inolvidable.
Sí… Me acuerdo tanto de ti. No puedo parar de pensar en
tantas cosas… En el día siguiente de tu funeral, asistí a un concurso literario… El tema trataba de las relaciones
intergeneracionales, y escribí sobre ti. Estabas allí. Igual que cuando
anunciaron que el primer premio era mío, y leí delante de todos lo que para mí
fue la mejor despedida que podía darte. Me decías que jamás dejase de creer que
los sueños pueden cumplirse, que todo esfuerzo tiene su recompensa.
Después, como decía, te instalaste en las cuatro paredes de
lo que parecía un laberinto sin salida. Y nos mostraste el camino, en silencio,
guiándonos con tu luz. Y nos enseñaste cómo, aunque la oscuridad parezca
absoluta, siempre hay un resquicio para ver las estrellas y esperar a que salga
de nuevo el sol.
Viniste y te fuiste casi volando como una paloma. Alzaste el
vuelo dejando tras de ti la estela del camino a seguir… El trazo fino que deja
un ángel al pasar por esta vida.
-Estoy ahí- nos decías. Pero sabías que ya podías irte, que
habíamos aprendido que las huellas de la vida son imborrables, pero que siempre
existe la oportunidad de crear unas nuevas, esta vez, mucho mejores.
Y hoy, aquí, a punto de acabar mis estudios, al menos la
parte universitaria, me pregunto cómo sería poder llamarte y decirte que ya
está, que he terminado, que he podido con todo. Y tú seguramente te reirías con
esa risa tan tuya que aún resuena en mi cabeza, y no dirías mucho más, porque
tú, como buen miembro de la familia, no eras de palabras.
Me pregunto cómo sería que pudieras venir aquí y ver cómo he
crecido, cómo me he convertido en una mujer, y cómo no he olvidado el ejemplo
que me diste. Que vieras que he aprendido bien que lo que importa es tener buen
corazón, y reír, reír mucho… Como tú también reías.
No es una carta de despedida, sólo una carta. Porque como
decía, sé que estás aquí, y a la vez no. Pero de igual manera, te quiero.
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