¿Qué iba a quedarme en un cajón vacío si no palabras desgastadas? Sin ti el baúl sólo sería un baúl, y yo una más, sólo una menos.
¿Qué iba a quedarme en el corazón ahogado si no pétalos marchitos y noches nunca más descorchadas? Sin ti la luna sólo sería un botón descosido, igual que mi sonrisa.
¿Qué iba a tener aparte de una prosa que lucha por ser la poesía que un día fue? Sin ti no habría versos, sólo tinta sin color, sin alma, sin mí.
¿Cómo iba a ser yo Rosa sin rosas que regar, sin jardín en el que soñar despierta? Si te fueras te llevarías mis espinas, cualquier viento sabría cómo destrozarme. Si te fueras... ¿para qué más idas y venidas? ¿Para qué cantarle a las mañanas, para qué contarle a nadie quién soy? Sin ti no habría estrellas en mi ventana, ni siquiera noche, ni siquiera día.
¿Cuándo sería un buen momento para adornar el tiempo perdiéndolo? Sin ti no habría tiempo, nada que perder, nada por ganar.
Y aullaría a mi ceguera cada vez que mi piel tocara la almohada si supiera que jamás tus dedos volverían a ser desvelo. Y mis ojeras serían el rímmel del insomnio de quien jamás se atreve a soñar. El corazón rojo se vestiría de fiesta con los pedazos que dejaste, y se iría a llorar a un rincón oscuro, resignándose a latir para un cuerpo -¿dónde se encuentra el alma? Eres tú quien tienes el mapa, dueño-.
Sólo no te vayas. Sólo... Sólo no dejes que me pierda nunca. Sólo...
Y lanzaremos las preguntas al acantilado de lo que nadie desea saber. Y miraremos cómo desaparecen, mientras seguimos creando tinta agarrados de la mano, sin más hoja que el cielo a nuestros pies, y el futuro entre los dedos.
viernes, 19 de julio de 2013
domingo, 7 de julio de 2013
Poeta y poesía.
Como el rocío de una hoja
que jamás se cae.
Como la leyenda de un tiovivo
con caballos
que jamás se cansan.
Como la saliva de unos labios
que jamás se gastan.
Así, a un escritor
nunca le faltan letras,
sólo le sobran.
Así, a un poeta
nunca le sobran versos,
sólo a veces besos
le faltan.
Y desplegar el abecedario
por las páginas del tiempo.
Y despejar las dudas
de la arena
que espera al sol.
Hoy me siento poeta,
me siento extraña.
Como si las margaritas
no tuviesen que escoger
entre el sí y el no.
que jamás se cae.
Como la leyenda de un tiovivo
con caballos
que jamás se cansan.
Como la saliva de unos labios
que jamás se gastan.
Así, a un escritor
nunca le faltan letras,
sólo le sobran.
Así, a un poeta
nunca le sobran versos,
sólo a veces besos
le faltan.
Y desplegar el abecedario
por las páginas del tiempo.
Y despejar las dudas
de la arena
que espera al sol.
Hoy me siento poeta,
me siento extraña.
Como si las margaritas
no tuviesen que escoger
entre el sí y el no.
sábado, 15 de junio de 2013
Carta a Upe
Más que una carta, te mereces un libro entero. Pero no podía
dejar escapar estos ratos en los que te echo de menos tanto que no paro de imaginar
lo que sería si aún estuvieras aquí, tú, entera.
Ha sido un año difícil. Y sin estar aquí has sabido
demostrarme la gran fortaleza que se ubica en el corazón de una familia unida.
Y digo sin estar aquí, aunque en el fondo sí que has estado… Apareciste como un
arco iris en una gran tormenta, tan en calma como siempre, serena, en paz, pero
increíblemente fuerte. Y a los pies de la cama del desequilibrio, supiste hacer
del apoyo familiar un pilar indestructible; nos dijiste, sin palabras, que no
nos ibas a dejar caer. Y así fue.
Muchos me dirán que no es algo real. La muerte es el final,
aseguran. ¿Y cómo explicarles yo la verdad que siento tan dentro? Saberte aquí,
dándome aliento cada vez que creo que no voy a llegar a la meta, demasiado
cansada para darme cuenta de todas las metas que ya he ido dejando atrás… ¿Cómo
argumentar que sé que no te has ido y que, en el fondo, nunca te irás? Hubo
quien me dijo que alguien sólo muere cuando desaparece del corazón de los suyos…
Temo decirte entonces que tú serás inmortal.
Tampoco intento retenerte aquí. La vida es un ciclo que todos
hemos de pasar, y conlleva un final. Sin embargo… ¿cómo dar final a un alma tan
grandiosa como la tuya? Fuiste siempre un corazón abierto, dispuesto a dar
hasta el último latido… E increíblemente, aún sigues ayudando a que los
nuestros no pierdan la fe. Fe en la vida, en lo que hace que ésta sea un viaje
inolvidable.
Sí… Me acuerdo tanto de ti. No puedo parar de pensar en
tantas cosas… En el día siguiente de tu funeral, asistí a un concurso literario… El tema trataba de las relaciones
intergeneracionales, y escribí sobre ti. Estabas allí. Igual que cuando
anunciaron que el primer premio era mío, y leí delante de todos lo que para mí
fue la mejor despedida que podía darte. Me decías que jamás dejase de creer que
los sueños pueden cumplirse, que todo esfuerzo tiene su recompensa.
Después, como decía, te instalaste en las cuatro paredes de
lo que parecía un laberinto sin salida. Y nos mostraste el camino, en silencio,
guiándonos con tu luz. Y nos enseñaste cómo, aunque la oscuridad parezca
absoluta, siempre hay un resquicio para ver las estrellas y esperar a que salga
de nuevo el sol.
Viniste y te fuiste casi volando como una paloma. Alzaste el
vuelo dejando tras de ti la estela del camino a seguir… El trazo fino que deja
un ángel al pasar por esta vida.
-Estoy ahí- nos decías. Pero sabías que ya podías irte, que
habíamos aprendido que las huellas de la vida son imborrables, pero que siempre
existe la oportunidad de crear unas nuevas, esta vez, mucho mejores.
Y hoy, aquí, a punto de acabar mis estudios, al menos la
parte universitaria, me pregunto cómo sería poder llamarte y decirte que ya
está, que he terminado, que he podido con todo. Y tú seguramente te reirías con
esa risa tan tuya que aún resuena en mi cabeza, y no dirías mucho más, porque
tú, como buen miembro de la familia, no eras de palabras.
Me pregunto cómo sería que pudieras venir aquí y ver cómo he
crecido, cómo me he convertido en una mujer, y cómo no he olvidado el ejemplo
que me diste. Que vieras que he aprendido bien que lo que importa es tener buen
corazón, y reír, reír mucho… Como tú también reías.
No es una carta de despedida, sólo una carta. Porque como
decía, sé que estás aquí, y a la vez no. Pero de igual manera, te quiero.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Carta a una tormenta.
Está lloviendo.
¿Lo ves?
Estoy lloviendo.
¿Me ves?
Sé que dije que no me gustaban los paraguas... Y sé que también dije que prefería mojarme... Pero la tormenta es muy fuerte, y tengo frío. Sabes que el frío no me gusta... y tú eres mi único verano.
¿Qué piensas?... Es posible que los truenos de tu alma te impidan oír mi voz, que unas veces grita, y otras susurra, que te quiere aquí, que se está ahogando entre tanto agua. Y tú, que navegas entre olas enfurecidas, con un mar al que le cuesta estar en calma... No, creo que no me oyes.
Qué símil el mar... Tampoco es la primera vez que lo digo. Y es que cura heridas, pero también es capaz de perder navíos incluso de marineros expertos. Hay leyendas de barcos fantasma... Aunque no hay que alejarse de tierra para encontrar puertos vacíos.
Estoy divagando... Ya me conoces, no me callo ni debajo del agua. Al menos por dentro. No, nunca dejo de escribir.
Así que... ¿qué sientes? Mira allí, a lo lejos, ¿ves el cielo? Mmm... qué pequeños somos. Y tú, para mí, qué grande. Podrías cogerme con los dedos de una mano y levantarme tanto, tanto, que podría tocar las nubes.
...¿Me coges?
Tiene gracia porque sé que no estoy hablándote. Al menos no estás aquí, ya lo he dicho. Es otra manera de seguir susurrando... de seguir gritando... Pero creo que ahora sí que no me oyes. Te has alejado de mi puerto, y yo ni tengo ni quiero otro barco. Así que me hundo. Y aún con el agua al borde de los labios, un agua fría, cortante, sigo pronunciado tu nombre.
No te pierdas en el mar, por favor, déjate llevar por la corriente... Y vendrás a casa, como una ola que acaricia suave la orilla, dejándose morir en los pies de alguien lleno de vida, dejándose ir, feliz, abrazando la arena. Y es que ese es el secreto: el agua y la arena.
Fotografía por Ana Cardona. http://cuadrosconarte.wordpress.com/obra/
¿Lo ves?
Estoy lloviendo.
¿Me ves?
Sé que dije que no me gustaban los paraguas... Y sé que también dije que prefería mojarme... Pero la tormenta es muy fuerte, y tengo frío. Sabes que el frío no me gusta... y tú eres mi único verano.
¿Qué piensas?... Es posible que los truenos de tu alma te impidan oír mi voz, que unas veces grita, y otras susurra, que te quiere aquí, que se está ahogando entre tanto agua. Y tú, que navegas entre olas enfurecidas, con un mar al que le cuesta estar en calma... No, creo que no me oyes.
Qué símil el mar... Tampoco es la primera vez que lo digo. Y es que cura heridas, pero también es capaz de perder navíos incluso de marineros expertos. Hay leyendas de barcos fantasma... Aunque no hay que alejarse de tierra para encontrar puertos vacíos.
Estoy divagando... Ya me conoces, no me callo ni debajo del agua. Al menos por dentro. No, nunca dejo de escribir.
Así que... ¿qué sientes? Mira allí, a lo lejos, ¿ves el cielo? Mmm... qué pequeños somos. Y tú, para mí, qué grande. Podrías cogerme con los dedos de una mano y levantarme tanto, tanto, que podría tocar las nubes.
...¿Me coges?
Tiene gracia porque sé que no estoy hablándote. Al menos no estás aquí, ya lo he dicho. Es otra manera de seguir susurrando... de seguir gritando... Pero creo que ahora sí que no me oyes. Te has alejado de mi puerto, y yo ni tengo ni quiero otro barco. Así que me hundo. Y aún con el agua al borde de los labios, un agua fría, cortante, sigo pronunciado tu nombre.
No te pierdas en el mar, por favor, déjate llevar por la corriente... Y vendrás a casa, como una ola que acaricia suave la orilla, dejándose morir en los pies de alguien lleno de vida, dejándose ir, feliz, abrazando la arena. Y es que ese es el secreto: el agua y la arena.
Fotografía por Ana Cardona. http://cuadrosconarte.wordpress.com/obra/
lunes, 13 de mayo de 2013
¿...?
¿Cuántos globos habrán ido a parar al País de Nunca Jamás, movidos por la suave brisa que provocan los sueños?
¿Cuántas palomas mensajeras han transportado paz?
¿Cuántas nubes han simulado animales, personas, momentos... para descargarse en lluvia fina, de la que refresca el corazón?
¿Cuántos dedos se han visto entrelazados en otros dedos, y sólo así se han atrevido a ser mano?
¿Cuántas poesías han sido escritas por poetas que no sabían definir lo que era una metáfora?
¿Cuántas preguntas se han formulado -cuántas quedan por formular- cuando existía la necesidad de respuestas y no de más preguntas...?
Me pregunto yo.
¿Cuántas palomas mensajeras han transportado paz?
¿Cuántas nubes han simulado animales, personas, momentos... para descargarse en lluvia fina, de la que refresca el corazón?
¿Cuántos dedos se han visto entrelazados en otros dedos, y sólo así se han atrevido a ser mano?
¿Cuántas poesías han sido escritas por poetas que no sabían definir lo que era una metáfora?
¿Cuántas preguntas se han formulado -cuántas quedan por formular- cuando existía la necesidad de respuestas y no de más preguntas...?
Me pregunto yo.
lunes, 6 de mayo de 2013
Just...
Y oír de tu boca que yo... y sólo yo.
Y que incluso el silencio entre ambos recite versos que nunca se acaban.
Y no sentirme nunca más un nunca.
Y ser siempre tu deseo de ser siempre.
Y que incluso el silencio entre ambos recite versos que nunca se acaban.
Y no sentirme nunca más un nunca.
Y ser siempre tu deseo de ser siempre.
sábado, 27 de abril de 2013
martes, 16 de abril de 2013
Las mariposas vuelan por ti.
Tengo tantas mariposas como sueños. Tantos sueños como alas. Tantas alas como ganas. Tantas ganas como oportunidades.
Simplemente alzo el vuelo y... no puedes no querer seguirme, eres tú a donde voy.
Simplemente alzo el vuelo y... no puedes no querer seguirme, eres tú a donde voy.
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